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Jardim das Delícias


Segunda-feira, 06.02.17

Crónica, um tanto extemporânea, que eu dedico à minha amiga Augusta Clara e ao meu amigo José Carlos da "Taberna do Doutor", que fazem anos hoje - Adão Cruz

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(imagem de Adão Cruz)

 

1º - A semana passada, dirigia-me eu à Corunha a fim de almoçar com uns amigos, quando, perto da saída para Ponte de Lima, tive um furo, originado por um maldito parafuso que por ali ficou à espera de outra vítima, segundo me disse o remendador de pneus. Tive a sorte de, naquele preciso momento, passar ali uma carrinha da Brisa, cujo condutor, dada a minha provecta idade, gentilmente se prontificou a mudar o pneu. Claro que, sendo sábado, desisti de continuar a longa viagem, com um pneu raquítico como aqueles que agora se usam como substitutos, embora já tivesse tido a experiência de andar com um pneu desses desde Villefranche de Conflent, sul da França, até Portugal.

Resolvi ir comer um pernil assado na “A Carvalheira”, e, no fim do repasto, dirigi-me a Vigo, onde assentei arraiais no velho, modesto e conhecido Hotel La Junquera, desde os tempos em que ainda não havia a “parte nova”. Como em outras ocasiões, fui à //Afundación, ver o que havia por lá, em termos de exposições. Nesse mesmo local onde o meu grande amigo Pastor Outeiral, uns anos antes de morrer, fez uma das suas últimas exposições. Entre “Da Xeración doente aos Renovadores”, “Pegadas da Abstracción a nova Figuracción”, “Identidade Individual, Vontade Global”, dei com obras de pintores que tiveram muito a ver comigo. Desde já, Tino Grandio que morreu em 1977 com um cancro da bexiga, cuja obra descobri há muitos anos em Pontevedra. Xaime Quesada, que ainda conheci pessoalmente em vida, em Ourense. Caruncho que morreu o ano passado, e com quem, um dia, jantei na Corunha.

Fui jantar ao meu querido café “Luces de Boémia”, onde tenho amigos, e que eu conheço desde os tempos em que ia a Vigo comprar películas para o meu primitivo ecocardiógrafo, o único ecocardiógrafo bidimensional existente no país, nessa altura. Aí me mantive até às primeiras horas da madrugada, ouvindo música ao vivo, dos anos 60-80-90. Depois de uns copos bem bebidos, indutores de um belíssimo sono, lá fui para o hotel “la Junquera”.

Levantei-me a meio da manhã e percorri calmamente, dentro da neblina e de uma chuva miudinha, todo aquele rabinho de costa entre Vigo e a Guarda (La Guardia), que por mais conhecido que seja nunca cansa. Almocei no “Muralhas de caminha”, do meu velho amigo Tiago, e rumei ao Porto.

2º À noite jantei num tasco. Na mesa frente à minha sentou-se uma moça nova, engraçada, mulher dos seus trinta e tais, com um homem bastante mais velho, com ar de sem-abrigo. Entre ambos abundavam os sorrisos e gestos de uma felicidade fora do comum. Eram, na verdade, pai e filha, segundo me segredaram. Ela, empregada muito precária, ele, com efeito, sem-abrigo.  Ali vinham por vezes jantar. Desta vez uma suculenta picanha intercalada de sorrisos, salivações e lacrimosos olhares de felicidade. Dei comigo a entranhar bem dentro das entranhas o que é a vida e o que ela tem de absurdo, de relativo, de descarnado, de verdadeiro e de falso. Comparei, sem esforço, esta cena de plena felicidade, com as trombas (ainda que giras) transmitidas momentos antes, da execrável exploradora da miséria angolana, Isabel dos Santos, ao ver-se aprisionada durante meia hora num autocarro junto ao aeroporto de Lisboa.

                                                                                                       Adão Cruz

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por Augusta Clara às 16:20

Sábado, 04.10.14

O escritor Luís Sepúlveda faz hoje anos e conta-nos como nasceu

 

Hoy 4 de Octubre se cumplen 65 años desde el día que conocí a estas personas.

   Hace exactamente 65 años una mujer y un hombre salieron de Santiago de Chile en un vetusto Pontiac negro con rumbo norte. No existía ninguna autopista en Chile y la carretera Panamericana se extendía sinuosa y torpe por algo más de cinco mil kilómetros.
Era primavera y eso auguraba un buen viaje. La mujer tenía 25 años, se llamaba Irma, era enfermera y había sido entusiasta del baloncesto. El hombre se llamaba Luis, tenía 28 años y era cocinero. Le gustaban los tangos y los caballos.
Y alguien más iba con ellos, alguien que todavía no tenía nombre , pero sí muchas ganas de nacer y ver el mundo.
Esto ocurría el 3 de Octubre de 1949. El auto iba lleno de los instrumentos de cocina personales del hombre, todos de buen acero inoxidable y relucientes. También llevaba muchos frascos con hierbas y condimentos que tal vez no encontraría en el norte.
Iban felices porque pronto serían tres, y porque al hombre lo habían contratado cono Chef en el Hotel Francisco de Aguirre, en la Serena. Era el primer gran hotel de turismo abierto en Chile, y el prestigio bien ganado del cocinero de El Escorial, La Bahía y el Waldorf le abría la posibilidad de brillar con sus platos en ese hotel internacional.
El primer tramo de unos cuatrocientos kilómetros lo hicieron en un día y se detuvieron en Los Vilos, un pueblo crecido a los dos lados de la carretera que ofrecía estupendos mariscos y pescados para reponer fuerzas.
Al día siguiente, 4 de Octubre, pasearon junto al mar antes de retomar la ruta. La mujer comentó que ese alguien en su vientre se estaba moviendo mucho, pateaba, daba golpes, quería nacer y ver el mundo.
Siete horas más tarde y ya de noche, justo cuando llegaban a un cruce que indicaba la bifurcación hacia La Serena y hacia Ovalle, la mujer dijo que al parecer ese alguien no quería esperar, que estaba sintiendo dolores muy intensos, demasiado intensos, porque ese alguien no quería esperar más, quería nacer y ver el mundo.
Justo ahí, en el asiento del acompañante del Pontiac la mujer rompió aguas, y el hombre tomó rumbo a Ovalle, piso el acelerador a fondo, y al llegar a la entrada de la ciudad ya a punto de dormir su sueño provinciano tocó la bocina, sacó la cabeza fuera del auto y a gritos preguntó a las calles vacías dónde estaba el hospital.
De una casa salió una mujer, preguntó qué pasaba, el hombre respondió que su hijo estaba a punto de nacer y reconoció que no sabía qué hacer .
La mujer miró a la parturienta, exclamó que no había tiempo de llegar al hospital, y a gritos llamó a su esposo para que ayudara. Entonces mi padre, mi madre, yo que quería nacer y ver el mundo, ayudados por el matrimonio Marincovic, unos inmigrantes yugoslavos, entramos al hotel que administraban. Se llamaba Hotel Chile.
Tardé en nacer. Era cabezón y todavía lo soy. Era porfiado y todavía lo soy. Pude nacer al revés, sacando primero los pies, pero yo quería ver el mundo. Necesitaba urgentemente ver el mundo.
A las once de la noche con cuarenta y dos minutos grité ¡aquí estoy! Y mi voz se escuchó en la habitación número siete del Hotel Chile. “Soy chileno” supongo que dije. Nací en el Hotel Chile y como huésped de una familia yugoslava.
Casi cincuenta años más tarde y al volver del exilio fui a Ovalle a conocer el Hotel Chile sin saber si todavía existía, y ahí estaba, viejo, a mal traer, pero ahí estaba. A una anciana de cabellera de plata pregunté por los Marincovic.
- Yo soy la viuda de Marincovic- me informó con dulzura.
- Yo nací aquí, hace muchos años. Tal vez lo recuerda- le dije.
Y se acordaba. Me mostró la habitación número siete indicando que estaba igual, y que el único cambio era la cama. Recordó la fatiga y la felicidad de mi madre, el llanto de mi padre ante el primer hijo, y las delicias que cocinó al día siguiente para demostrar la gratitud familiar a nuestros anfitriones.
- Nunca volvimos a comer algo tan rico. Era un maestro su padre.
Esa noche dormí en la misma habitación del Hotel Chile en la que nací. No. No dormí. Pasé la noche recostado, fumando, dando sorbos a una petaquita de pisco y pensando: ¿qué habrá cocinado mi viejo? ¿Salió mi madre a dar el primer paseo conmigo al otro día? ¿Fue premonitorio que la primera intensa luz diurna que vi, fuera saliendo del hotel, dejando atrás la palabra Chile?
Hoy, que cumplo 65 años, el Hotel Chile ya no existe, la señora Mirda Marincovic, mi padre, mi madre, son habitantes de mi memoria. Todo se convierte en memoria.
Y yo recuerdo esto con cariño, porque soy un hombre de paso, un hombre que nació en el Hotel Chile, de Ovalle.

Luis Sepúlveda

 

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por Augusta Clara às 19:00

Quinta-feira, 18.07.13

Nelson Mandela faz hoje 95 anos

 

Parabéns Nelson Mandela!

 

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por Augusta Clara às 17:00



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