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Jardim das Delícias


Terça-feira, 03.12.13

Democracia y geopolítica - Santiago Alba Rico

 

Santiago Alba Rico  Democracia y geopolítica

 

Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) estudió filosofía en la  Universidad Complutense de Madrid. Entre 1984 y 1991 fue guionista de tres  programas de televisión española (el muy conocido La Bola de Cristal entre  ellos). Ha publicado artículos en numerosos periódicos y revistas y, entre sus  obras, se cuentan los ensayos "Dejar de pensar", "Volver a pensar", "Las reglas  del caos" (libro finalista del premio Anagrama 1995), "La ciudad intangible",  "El islam jacobino", “Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos”, “Leer  con niños”, “Capitalismo y nihilismo” y "El naufragio del hombre", así como dos antologías de sus guiones:  “Viva el Mal, viva el Capital” y “Viva la CIA, viva la economía”. Es también  autor de un relato para niños de título "El mundo incompleto" y ha colaborado en  numerosas obras colectivas de análisis político (sobre el 11-S, sobre el 11-M,  sobre Cuba, sobre Venezuela, Iraq, etc.). Desde 1988 vive en el mundo árabe,  habiendo traducido al castellano al poeta egipcio Naguib Surur y más  recientemente al novelista iraquí Mohammed Jydair. Fue asimismo guionista de la película Bagdad-Rap (2004) y es autor de una obra teatral, "B-52", estrenada en 2010. En los últimos años viene  colaborando en numerosos medios, tanto digitales como en papel (la conocida web  de información alternativa Rebelión, Archipiélago, Ladinamo, Diagonal etc.). En  Venezuela ha publicado junto a Pascual Serrano el libro “Medios violentos  (palabras e imágenes para la guerra)” (El Perro y la Rana, 2007). En Cuba ha  publicado “La ciudad intangible” y “Cuba; la ilutración y el  socialismo”. Su último libro, "Noticias", se ha publicado en la editorial "Caballo de Troya" en mayo de 2010. En marzo de 2011 publica "Túnez, la revolución", donde recoge las crónicas escritas bajo el nombre de Alma Allende durante la revolución tunecina del 14 de enero.  

   Rebelión, 25 de Novembro de 2013
   La geopolítica existe sin duda, como existen las trampas para pájaros y las alambradas electrificadas; y estamos obligados a ceñir nuestro análisis y nuestras decisiones a sus severas leyes. Eso se llama realismo y una cierta dosis de realismo es siempre necesaria, a condición de que recordemos que la realidad es aquí un resultado histórico -una trampa para pájaros y no un dato meteorológico- y que sus severas leyes tienen que ver con la conservación y soberanía de los Estados y no con la liberación y soberanía de los pueblos. Quiero decir que no puede haber política exterior de izquierdasen un mundo en el que la soberanía nacional, permanentemente negociada y cuestionada, debe acomodarse a relaciones de fuerza desiguales e injustas. Cuanto mayor es la determinación geo-estratégica, menor es la autodeterminación democrática.

Si se trata sólo de proteger la existencia de un linaje o un régimen, como en Arabia Saudí o en Siria, política interior y política exterior coinciden hasta el punto de que los gobiernos tratan a sus propios ciudadanos como a extranjeros, fichas negociables o sacrificables en la partida geoestratégica de la que depende su supervivencia. Si se trata de proteger un régimen económico, como en el caso de los EEUU, la dimensión imperialista tiende a interiorizar los otros territorios y los otros pueblos como medios para asegurar los intereses “nacionales”. Pero incluso los gobiernos más representativos y democráticos -los de América Latina- se dejan imponer el criterio de la conservación -volviéndose por tanto conservadores- y sucumben al realismo de las trampas para pájaros. No digo que no haya que hacerlo; digo que no hay ninguna diferencia ideológica entre afirmar, como hace EEUU, que Pinochet en otro momento o ahora el general Sissi “están dando pasos hacia la democracia” y apoyar a Bachar Al-Assad, como hace Venezuela, por su “heroico anti-imperialismo”. Las razones geo-estratégicas son siempre de derechas porque ignoran o impiden la autodeterminación de los pueblos; por eso, este modo de razonar resulta particularmente chirriante cuando se utiliza desde la izquierda, y más si no se presenta como el inevitable reconocimiento de una derrota soberana de los propios principios en un contexto de dilemas y peligros sino como una defensa de los mismos pueblos que esta política exterior conservadora desprecia y sacrifica.

 

 

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por Augusta Clara às 08:00



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